CONOCE A JESSIE STREET, UNA MUJER QUE LUCHÓ POR LOS DERECHOS POLÍTICOS DE LAS MUJERES

“No se puede ir a ninguna parte sin un cambio en la Constitución y no se puede obtener eso sin un referéndum. Necesitarás una petición con 100,000 firmas. Será mejor que empecemos de una vez.”

Esas fueron las palabras que Jessie Street le dijo por teléfono a Faith Bandler cuando buscaban la reforma constitucional para que los nativos australianos fueran incorporados en los censos. La determinación con que se dirigió aquella vez es un ejemplo claro de la fuerza y convicción con que vivió su vida entera, luchando por los derechos de las mujeres, por la paz y por la eliminación de toda discriminación contra los aborígenes.

Jessie Street fue una figura central en la vida política de Australia y del mundo entero durante más de 50 años. Jessie fue la primera y única mujer delegada de Australia en las Naciones Unidas, donde desempeñó un papel clave junto con Eleanor Roosevelt para garantizar que la mujer se incluyera junto a la raza y la religión como cláusula de no discriminación en la Carta de las Naciones Unidas.

Ya desde muy joven se involucró en la vida política y social desde los distintos lugares en los que tuvo residencia. Durante 1914, residió en Londres y pudo vincularse directamente con el movimiento de sufragistas, mientras trabajaba con madres y niños en condiciones de vulnerabilidad. En 1915, se trasladó a Nueva York donde trabajó algún tiempo en un centro de apoyo para mujeres arrestadas por prostitución.

Una de las hazañas más recordadas de Jessie Street fue cuando, en tiempos de la Segunda Guerra Mundial, adoptó una identidad diferente –“Jane Smith” –para trabajar en la fábrica de municiones de Melbourne y experimentar en carne propia las condiciones laborales de las mujeres. En ese entonces, la presencia de los hombres en batalla, tuvo como consecuencia que muchas mujeres pudieran lograr grandes avances en cuanto a la participación en el trabajo y la igualdad de oportunidades. Por tanto, Jessie luchó arduamente porque estos avances no se diluyeran y las mujeres fueran consideradas en la reconstrucción de la posguerra y la reforma social.

Jessie Street, además, fue una de las 15 integrantes originarias de la Comisión de la Condición Jurídica y Social de la Mujer. Dicha comisión se reunió por primera vez en Lake Success, Nueva York, en febrero de 1947, poco después de la creación de las Naciones Unidas. En aquel momento, los 15 representantes gubernamentales que formaban la Comisión eran mujeres. La Comisión elaboró las primeras convenciones internacionales sobre los derechos de la mujer, como la Convención sobre los Derechos Políticos de la Mujer de 1953, que fue el primer instrumento de derecho internacional en reconocer y proteger los derechos políticos de las mujeres.

Nacida en la India, en el año 1889, donde su padre se desempeñaba como funcionario público, cuando tenía siete años su madre heredó la residencia de Yullgibar Station, en Australia, y toda la familia Street se trasladó al país oceánico. Su educación básica tuvo lugar en el Reino Unido y sus estudios universitarios, en Sydney.

Jesse Street es un ejemplo de compromiso por la conquista de derechos para las mujeres del mundo. Hoy la recordamos con orgullo.

CULTURA PARA HOY Y PARA EL FUTURO

Patrimonio es una palabra que encierra una variedad de significados. Según el Diccionario de la Real Academia Española, su primera acepción es “hacienda que alguien ha heredado de sus ascendientes”. Aventúrate en esta nota para conocer la especial denotación que le confirió la Unesco a este término.

¿Sabías que el campus central de la ciudad universitaria de la Universidad Autónoma de México tiene una historia y una belleza tales que su valor se extiende a la humanidad toda? Así es, por que desde el 2007 este lugar se incluye entre los bienes culturales del Patrimonio Mundial.

Los bienes inestimables e irremplazables de las naciones, tal como los describe la Convención para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural, son aquellos recursos cuyo menoscabo significaría una pérdida inigualable para la totalidad de la humanidad. Este tratado data de 1972 y se inscribe en el marco de la Unesco. Desde 2016, ya son 192 los países que lo ratificaron y que comenzaron a trabajar por la preservación de su naturaleza y su historia.

Cada uno de los bienes que se incluyen en la Lista del Patrimonio Mundial de la Unesco se considera de interés de todas las personas y su cuidado atiende también a las generaciones futuras. Hoy los sitios que se enumeran en dicha lista suman un total de 1092. Se encuentran clasificados en tres categorías: bienes culturales (que incluye la mayoría de los bienes, albergando 845), bienes naturales (con 209 bienes) y bienes mixtos (apenas 38).

Desde bosques y desiertos, pasando por lagos y montañas, hasta edificios y ciudades enteras, el Patrimonio Mundial abarca una diversidad de espacios localizados en más de 163 Estados diferentes. Italia y China son los países que lideran la lista, con 54 y 53 sitios respectivamente. Les siguen España, Alemania y Francia. En Latinoamérica, México es el lugar que cuenta con una mayor cantidad de Patrimonio Mundial, teniendo 35 espacios reconocidos por la Unesco bajo este carácter.

La idea de constituir un Patrimonio Mundial tiene uno de sus primeros afluentes en la campaña internacional que la Unesco lanzó en 1959, cuando el gobierno egipcio tuvo la voluntad de construir una presa que dejaría sepultados bajo el agua, entre otros tesoros, los templos de Abu Simbel. A partir de la intervención de la Unesco, se logró que fueran trasladados a un territorio más elevado y que, a la vez, la reconstrucción efectuada fuera por completo minuciosa. La comunidad internacional no solo se hizo presente con su movilización, sino que también participó costeando la mitad de los gastos requeridos para la empresa.

Y, tal como afirma la Unesco, la relación entre el Patrimonio de la Humanidad y el desarrollo sostenible es clara. Lo cierto es que la preservación del Patrimonio Natural y Cultural implica una contribución trascendental al desarrollo de ese sitio y, por lo tanto, también al desarrollo de su entorno.

Por ejemplo, en 1980 las fortificaciones de la costa caribe de Panamá fueron registradas como Patrimonio Mundial. La importancia de este conjunto arquitectónico reside en sus particulares características, propias de los diseños militares que desarrolló el Imperio Español entre los siglos XVII y XVIII. La acción de la Unesco tuvo el objeto de reparar el gran daño acaecido en esta zona y contribuir, de esta manera, a su sostenibildad. Por cuestiones medioambientales, falta de mantenimiento y un desarrollo urbano colindante descontrolado, las fortificaciones habían comenzado a decaer. En este sentido, el reconcomiendo hecho por la comunidad internacional, generó la sanción de leyes protectoras.

El Patrimonio de la Humanidad busca resguardar la cultura mundial y asegurar que pueda transmitirse de generación en generación. Cada uno de los sitios consignados en la Lista de la Unesco se reviste de un nuevo valor para nuestros ojos. Pero… ¿cuántos recursos culturales y naturales hay en nuestro planeta que aún no han sido estimados como deberían?

LOS MILLENNIALS AL PODER

¿Por qué es importante que los empresarios pongan el ojo en la generación del milenio? ¿Acaso son los jóvenes la respuesta a los desafíos del futuro? ¡Averígualo en esta nota!

¿Has oído hablar de la Industria 4.0? Es uno de los elementos de la inevitable “Cuarta Revolución Industrial”. Se trata de una nueva manera de organizar los medios de producción, combinando infraestructura física con tecnología digital. La Industria 4.0 no es solo una idea innovadora: ya es una realidad. La consultora Accenture predijo en 2015 que en los próximos 15 años, esta revolución agregaría 14,2 billones de dólares a la economía mundial.

Lo cierto es que en 1750 nadie se imaginó que en poco más de 200 años el escenario industrial sería tan diferente. Para ese entonces, las sorpresas y provocaciones de la máquina a vapor ya traían suficientes problemas de los que ocuparse. Una segunda revolución industrial tuvo lugar a mediados del siglo XIX, con la electricidad y la consecuente producción en masa que impactó tanto como el paso de la manufactura a la producción mecanizada había impactado en el siglo anterior. Y la tercera revolución no ocurrió hace mucho tiempo: aproximadamente 70 años atrás el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación trajo consigo un nuevo cambio.

La Industria 4.0 supone un terreno pleno de desafíos y regado de incertidumbre ante el cual la mayoría de los empresarios no se siente completamente preparado. Una auditoría de Deloitte, revela que solo el 14% de las compañías encuestadas se siente listo para aprovechar al máximo las innovaciones de la Industria 4.0, mientras que el 75% no cree tener la fuerza laboral ni las habilidades necesarias para enfrentarse al futuro. Por otro lado, la mayoría se mostró optimista respecto de su nuevo rol en la sociedad: más del 85% está convencido de que la cuarta revolución traerá más igualdad y estabilidad y que las empresas serán más influyentes que otras entidades civiles e, incluso, más influyentes que los mismísimos gobiernos.

Pero todas estas suposiciones a futuro no implican necesariamente que las empresas se sientan decididamente empoderadas en la actualidad. En la misma encuesta, solo una cuarta parte de los participantes sostuvo que sus organizaciones impactan en factores críticos como la educación, la sustentabilidad y la movilidad social.

En este contexto, ¿existe acaso una respuesta común que pueda contribuir a que podamos adaptarnos más eficientemente? ¡Al parecer, sí! Gran parte de los portales dedicados a este tema –sino su totalidad –coinciden en que la solución es escuchar a los Millennials.

¡Qué curioso puede resultar para estos jóvenes de los ’80 y los ’90 advertir que hoy ellos tienen las voces protagonistas! Cualquier persona nacida en ese tiempo también se crió bajo la premisa “hay que obedecer a los mayores” y, aunque ellos hicieron un quiebre y se enfrentaron a sus padres, llama la atención que ahora no solo se los motive a eso sino también que se quiera conocer precisamente su opinión.

Y es que orientar las políticas de una empresa a los millennials no es un capricho de nadie: un estudio de Universum Global asegura que en el 2020 comprenderán el 50% de la fuerza laboral y The Brooking Institution va más allá ya que entre los resultados de sus investigaciones figura que en 2025 los millennials alcanzarán el 75% de la población económicamente activa.

Entonces, ¿qué es lo que los Millennials quieren? La multitud de sus aspiraciones podría resumirse en el siguiente enunciado: los Millennials quieren trabajos más creativos, humanos y con mayor valor agregado.

Con esta generación que no suele permanecer más de cinco años en un mismo puesto laboral, las empresas tienen un gran reto a la hora de despertar la famosa fidelización de sus contratados. La atención al medioambiente y la responsabilidad social son dos factores que los Millenials tienen en cuenta a la hora de pensarse en un empleo. Porque los valores de los millennials son diferentes: la consultora Page Personnel concluyó que el 6 de cada 10 prioriza las buenas experiencias a los altos salarios.

Asimismo, en 2015 un estudio sobre RSE llevado a cabo por Cone Communications demostró que, en EEUU, más del 90% de los millennials cambiaría la marca que usa habitualmente por otra comprometida con la sociedad y el medioambiente.  En este sentido, un elevado número de jóvenes de esta generación se demostró dispuesto a comprar un producto si este tiene un beneficio social o ambiental, a contarles a sus amigos y familiares sobre los esfuerzos de RSE asumidos por una corporación y a ofrecerse como voluntario de una causa promovida por una empresa.

Hacer el bien, impactar en su entorno y liderar el cambio social son los nuevos desafíos de las compañías en la actualidad y factores decisivos a la hora de hacer frente a la Industria 4.0. Los millennials son una generación preparada para adaptarse a las grandes transformaciones que augura la cuarta revolución y retrucarla con su ingenio. Pero antes, los jóvenes demandan que los líderes empresariales se replanteen sus motivaciones de obtener beneficios económicos para asumir la solución de los problemas del mundo.

LA MUJER INVISIBLE

Muchas mujeres de todos los tiempos sufrieron la desigualdad siendo ocultadas a los demás. Hoy, a través de distintas medidas, su legado es puesto nuevamente en valor… sin embargo, las diferencias persisten. Es hora de levantar la voz y cambiar la historia.

Escritoras, artistas, activistas sociales y políticas, científicas, deportistas… no importa el área en la que se hayan destacado, las mujeres han tenido que conquistar los espacios públicos con un ahínco particular, muchas veces bajo una identidad distinta de la suya y, otras más, a costa de mucho sacrificio y dolor. Es mundialmente conocido el caso de Emily Brönte, célebre escritora británica del siglo XIX que decidió publicar su gran novela Cumbres Borrascosas usando el nombre masculino de Ellis Bell.

Hoy en día, la situación de las mujeres de a poco comienza a transformarse y, lentamente, son derrocados un sinfín de estereotipos que las relegaron por siglos al ámbito de lo doméstico y la anonimia. Sin embargo, aunque más sutiles, las diferencias entre hombres y mujeres permanecen.

A principios del 2018, The New York Times sorprendió con una iniciativa para enmendar los errores de otros tiempos: comenzó a publicar obituarios para todas aquellas reconocidas mujeres que no tuvieren ese honor cuando les correspondiere. Los famosos homenajes del periódico estadounidense comenzaron a hacerse a  mediados del siglo XIX; pero, al parecer, los editores de ese entonces –y de años posteriores –no creyeron relevante comunicar el fallecimiento de Ada Lovelace o Nella Larsen.

¿Te suenan sus nombres? Probablemente no; aunque no podemos juzgarte por eso. La Historia que nos enseñaron en la escuela, e incluso en la universidad, omitió, en la mayoría de los casos, a las mujeres que participaron de los procesos más importantes de todos los tiempos, así como a sus propias luchas y conquistas.

Actualmente, la Editora de Género de The New York Times es Jessica Bennett. La exitosa periodista y referente del feminismo estadounidense introdujo en el campo de las reflexiones de género el concepto de “sexismo sutil” que refiere a un tipo de discriminación contra las mujeres casi imperceptible pero cargada de connotaciones negativas. En una entrevista para La Nación revista, Bennett contó que, tras la victoria de Donald Trump en las elecciones de 2016, se preguntó si su “sutilidad” para referirse al sexismo no se quedaba demasiado corta. Pero luego pensó que los resultados electorales no fueron si no obra del sexismo sutil.

Hillary, como tantas mujeres, tenía que encontrar ese balance casi imposible entre ser agradable y tener autoridad. Si era cálida, era débil; si era fría, era mandona. El sexismo sutil hizo que fuera fácil perdonar a Trump una carrera llena de errores, pero los errores de una mujer son más duramente criticados y se recuerdan por más tiempo. (La Nación revista, 8 de abril de 2018)

A gran escala, pero también en lo pequeño, son muchos los espacios que aún quedan en deuda con las mujeres. Esta idea debería movilizarnos para entonces repensarnos como humanidad, en clave de género. Hacer visible lo que antes fue ocultado es una de las maneras de dar respuesta a este desafío.

Da gusto saber que si hoy te acercas por una librería cualquiera, encontrarás entre las obras del mostrador de literatura inglesa clásica un libro de muchas páginas que se titula Cumbres borrascosas y que está firmado por Emily Brönte.

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CREATIVIDAD Y CULTURA A LA CABEZA DEL DESARROLLO INDUSTRIAL

Las industrias culturales y creativas se presentan como una opción posible para la reversión de las desigualdades en el mundo laboral. ¿Qué piensas al respecto?

¿Sabías que las industrias culturales y creativas generaron –solo en 2013 –29,5 millones de trabajos alrededor del mundo? La sorprendente cifra fue publicada en el marco de un gran estudio internacional conocido como el Primer Mapa de las Industrias Culturales y Creativas.

La mayoría de los empleos mencionados corresponden a la industria musical, que produjo casi 4 millones. Con más de 3 millones y medio, el sector de los libros quedó en segundo lugar (bastante esperanzador para aquellos que temen que el libro desaparezca).

Del total de los trabajos, el 7% se circunscribió a América Latina y el Caribe, cuya inversión generó 124 mil millones de dólares.

¿Y quiénes fueron los principales beneficiados de este boom laboral? En primer lugar, los jóvenes. En Europa, el 20% de los empleados de las industrias culturales y creativas tienen entre 15 y 29 años. Y, al mismo tiempo, la participación de la mujer también es una de las características distintivas de este sector económico. Por ejemplo, en el Reino Unido, las mujeres representan más del 50% de los empleados de la música.

Tanto los números que involucran a jóvenes como a mujeres nos invitan a soñar una realidad distinta de la que vivimos actualmente. Según estadísticas de la OIT, en promedio, las mujeres tienen una considerable mayor probabilidad de no conseguir trabajo respecto de los hombres (por encima de 26 puntos porcentuales). Y en cuanto a los jóvenes, la tasa mundial de desempleo es del 13%, en contraste con el 4,3% que representan los adultos.

¿Las industrias creativas comienzan a allanar el camino para revertir esa situación?