LOS MILLENNIALS AL PODER

¿Por qué es importante que los empresarios pongan el ojo en la generación del milenio? ¿Acaso son los jóvenes la respuesta a los desafíos del futuro? ¡Averígualo en esta nota!

¿Has oído hablar de la Industria 4.0? Es uno de los elementos de la inevitable “Cuarta Revolución Industrial”. Se trata de una nueva manera de organizar los medios de producción, combinando infraestructura física con tecnología digital. La Industria 4.0 no es solo una idea innovadora: ya es una realidad. La consultora Accenture predijo en 2015 que en los próximos 15 años, esta revolución agregaría 14,2 billones de dólares a la economía mundial.

Lo cierto es que en 1750 nadie se imaginó que en poco más de 200 años el escenario industrial sería tan diferente. Para ese entonces, las sorpresas y provocaciones de la máquina a vapor ya traían suficientes problemas de los que ocuparse. Una segunda revolución industrial tuvo lugar a mediados del siglo XIX, con la electricidad y la consecuente producción en masa que impactó tanto como el paso de la manufactura a la producción mecanizada había impactado en el siglo anterior. Y la tercera revolución no ocurrió hace mucho tiempo: aproximadamente 70 años atrás el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación trajo consigo un nuevo cambio.

La Industria 4.0 supone un terreno pleno de desafíos y regado de incertidumbre ante el cual la mayoría de los empresarios no se siente completamente preparado. Una auditoría de Deloitte, revela que solo el 14% de las compañías encuestadas se siente listo para aprovechar al máximo las innovaciones de la Industria 4.0, mientras que el 75% no cree tener la fuerza laboral ni las habilidades necesarias para enfrentarse al futuro. Por otro lado, la mayoría se mostró optimista respecto de su nuevo rol en la sociedad: más del 85% está convencido de que la cuarta revolución traerá más igualdad y estabilidad y que las empresas serán más influyentes que otras entidades civiles e, incluso, más influyentes que los mismísimos gobiernos.

Pero todas estas suposiciones a futuro no implican necesariamente que las empresas se sientan decididamente empoderadas en la actualidad. En la misma encuesta, solo una cuarta parte de los participantes sostuvo que sus organizaciones impactan en factores críticos como la educación, la sustentabilidad y la movilidad social.

En este contexto, ¿existe acaso una respuesta común que pueda contribuir a que podamos adaptarnos más eficientemente? ¡Al parecer, sí! Gran parte de los portales dedicados a este tema –sino su totalidad –coinciden en que la solución es escuchar a los Millennials.

¡Qué curioso puede resultar para estos jóvenes de los ’80 y los ’90 advertir que hoy ellos tienen las voces protagonistas! Cualquier persona nacida en ese tiempo también se crió bajo la premisa “hay que obedecer a los mayores” y, aunque ellos hicieron un quiebre y se enfrentaron a sus padres, llama la atención que ahora no solo se los motive a eso sino también que se quiera conocer precisamente su opinión.

Y es que orientar las políticas de una empresa a los millennials no es un capricho de nadie: un estudio de Universum Global asegura que en el 2020 comprenderán el 50% de la fuerza laboral y The Brooking Institution va más allá ya que entre los resultados de sus investigaciones figura que en 2025 los millennials alcanzarán el 75% de la población económicamente activa.

Entonces, ¿qué es lo que los Millennials quieren? La multitud de sus aspiraciones podría resumirse en el siguiente enunciado: los Millennials quieren trabajos más creativos, humanos y con mayor valor agregado.

Con esta generación que no suele permanecer más de cinco años en un mismo puesto laboral, las empresas tienen un gran reto a la hora de despertar la famosa fidelización de sus contratados. La atención al medioambiente y la responsabilidad social son dos factores que los Millenials tienen en cuenta a la hora de pensarse en un empleo. Porque los valores de los millennials son diferentes: la consultora Page Personnel concluyó que el 6 de cada 10 prioriza las buenas experiencias a los altos salarios.

Asimismo, en 2015 un estudio sobre RSE llevado a cabo por Cone Communications demostró que, en EEUU, más del 90% de los millennials cambiaría la marca que usa habitualmente por otra comprometida con la sociedad y el medioambiente.  En este sentido, un elevado número de jóvenes de esta generación se demostró dispuesto a comprar un producto si este tiene un beneficio social o ambiental, a contarles a sus amigos y familiares sobre los esfuerzos de RSE asumidos por una corporación y a ofrecerse como voluntario de una causa promovida por una empresa.

Hacer el bien, impactar en su entorno y liderar el cambio social son los nuevos desafíos de las compañías en la actualidad y factores decisivos a la hora de hacer frente a la Industria 4.0. Los millennials son una generación preparada para adaptarse a las grandes transformaciones que augura la cuarta revolución y retrucarla con su ingenio. Pero antes, los jóvenes demandan que los líderes empresariales se replanteen sus motivaciones de obtener beneficios económicos para asumir la solución de los problemas del mundo.

LA MUJER INVISIBLE

Muchas mujeres de todos los tiempos sufrieron la desigualdad siendo ocultadas a los demás. Hoy, a través de distintas medidas, su legado es puesto nuevamente en valor… sin embargo, las diferencias persisten. Es hora de levantar la voz y cambiar la historia.

Escritoras, artistas, activistas sociales y políticas, científicas, deportistas… no importa el área en la que se hayan destacado, las mujeres han tenido que conquistar los espacios públicos con un ahínco particular, muchas veces bajo una identidad distinta de la suya y, otras más, a costa de mucho sacrificio y dolor. Es mundialmente conocido el caso de Emily Brönte, célebre escritora británica del siglo XIX que decidió publicar su gran novela Cumbres Borrascosas usando el nombre masculino de Ellis Bell.

Hoy en día, la situación de las mujeres de a poco comienza a transformarse y, lentamente, son derrocados un sinfín de estereotipos que las relegaron por siglos al ámbito de lo doméstico y la anonimia. Sin embargo, aunque más sutiles, las diferencias entre hombres y mujeres permanecen.

A principios del 2018, The New York Times sorprendió con una iniciativa para enmendar los errores de otros tiempos: comenzó a publicar obituarios para todas aquellas reconocidas mujeres que no tuvieren ese honor cuando les correspondiere. Los famosos homenajes del periódico estadounidense comenzaron a hacerse a  mediados del siglo XIX; pero, al parecer, los editores de ese entonces –y de años posteriores –no creyeron relevante comunicar el fallecimiento de Ada Lovelace o Nella Larsen.

¿Te suenan sus nombres? Probablemente no; aunque no podemos juzgarte por eso. La Historia que nos enseñaron en la escuela, e incluso en la universidad, omitió, en la mayoría de los casos, a las mujeres que participaron de los procesos más importantes de todos los tiempos, así como a sus propias luchas y conquistas.

Actualmente, la Editora de Género de The New York Times es Jessica Bennett. La exitosa periodista y referente del feminismo estadounidense introdujo en el campo de las reflexiones de género el concepto de “sexismo sutil” que refiere a un tipo de discriminación contra las mujeres casi imperceptible pero cargada de connotaciones negativas. En una entrevista para La Nación revista, Bennett contó que, tras la victoria de Donald Trump en las elecciones de 2016, se preguntó si su “sutilidad” para referirse al sexismo no se quedaba demasiado corta. Pero luego pensó que los resultados electorales no fueron si no obra del sexismo sutil.

Hillary, como tantas mujeres, tenía que encontrar ese balance casi imposible entre ser agradable y tener autoridad. Si era cálida, era débil; si era fría, era mandona. El sexismo sutil hizo que fuera fácil perdonar a Trump una carrera llena de errores, pero los errores de una mujer son más duramente criticados y se recuerdan por más tiempo. (La Nación revista, 8 de abril de 2018)

A gran escala, pero también en lo pequeño, son muchos los espacios que aún quedan en deuda con las mujeres. Esta idea debería movilizarnos para entonces repensarnos como humanidad, en clave de género. Hacer visible lo que antes fue ocultado es una de las maneras de dar respuesta a este desafío.

Da gusto saber que si hoy te acercas por una librería cualquiera, encontrarás entre las obras del mostrador de literatura inglesa clásica un libro de muchas páginas que se titula Cumbres borrascosas y que está firmado por Emily Brönte.

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CREATIVIDAD Y CULTURA A LA CABEZA DEL DESARROLLO INDUSTRIAL

Las industrias culturales y creativas se presentan como una opción posible para la reversión de las desigualdades en el mundo laboral. ¿Qué piensas al respecto?

¿Sabías que las industrias culturales y creativas generaron –solo en 2013 –29,5 millones de trabajos alrededor del mundo? La sorprendente cifra fue publicada en el marco de un gran estudio internacional conocido como el Primer Mapa de las Industrias Culturales y Creativas.

La mayoría de los empleos mencionados corresponden a la industria musical, que produjo casi 4 millones. Con más de 3 millones y medio, el sector de los libros quedó en segundo lugar (bastante esperanzador para aquellos que temen que el libro desaparezca).

Del total de los trabajos, el 7% se circunscribió a América Latina y el Caribe, cuya inversión generó 124 mil millones de dólares.

¿Y quiénes fueron los principales beneficiados de este boom laboral? En primer lugar, los jóvenes. En Europa, el 20% de los empleados de las industrias culturales y creativas tienen entre 15 y 29 años. Y, al mismo tiempo, la participación de la mujer también es una de las características distintivas de este sector económico. Por ejemplo, en el Reino Unido, las mujeres representan más del 50% de los empleados de la música.

Tanto los números que involucran a jóvenes como a mujeres nos invitan a soñar una realidad distinta de la que vivimos actualmente. Según estadísticas de la OIT, en promedio, las mujeres tienen una considerable mayor probabilidad de no conseguir trabajo respecto de los hombres (por encima de 26 puntos porcentuales). Y en cuanto a los jóvenes, la tasa mundial de desempleo es del 13%, en contraste con el 4,3% que representan los adultos.

¿Las industrias creativas comienzan a allanar el camino para revertir esa situación?