LAS MUJERES Y LA DISCRIMINACIÓN LABORAL

¿Por qué, en pleno siglo XXI, se dice que las mujeres sufren discriminación laboral? ¿Es esto una realidad o una creencia que no tiene fundamentación? Quítate todas las dudas en esta nota especial por los Derechos Humanos de la Mujer.

El 5 de febrero de 2014, se incendió un depósito de la empresa Iron Mountain Inc. en Buenos Aires. Más allá de todas las polémicas que el siniestro suscitó, un hecho en particular llamó la atención de los medios de comunicación: la muerte de Anahí Garnica, la primera mujer bombera de la Policía Federal Argentina.

Anahí, nacida el 5 de octubre de 1984, estaba decidida a ser bombera desde su infancia: su papá también ejercía esa profesión. Sin embargo, no fue sino hasta el 2003 que pudo comenzar a vivir su sueño. Antes de ese año, los Bomberos de la Policía Federal no aceptaban mujeres entre sus trabajadores. ¿Cuántas veces has visto a una mujer vestida de bombera?

Si bien –y tal como sostienen las estadísticas de ONU Mujeres –las posibilidades de inserción de las mujeres en el mundo del trabajo han aumentado, ellas siguen siendo mayoría en los empleos menos estables y peor remunerados, con escaso o ningún acceso a la protección social y el trabajo decente.

Para empezar, solo el 50% de las mujeres en edad de trabajar forma parte de la población económicamente activa, mientras que el número de los hombres sobrepasa el 75%. Se estima que el PBI mundial anual aumentaría en 28 billones de dólares si mujeres y hombres realizaran los mismos trabajos.

Y es que las mujeres parten con desventaja: solo en cuanto a su participación, las probabilidades difieren en 26 puntos porcentuales respecto de los hombres, según datos presentados por la OIT. En África del Norte y los Estados Árabes las mujeres tienen dos veces menos posibilidades de trabajar.

La famosa brecha salarial entre hombres y mujeres también se presenta como una realidad: a nivel mundial, por cada dólar que gana un hombre, una mujer solo percibe 77 centavos. Aproximadamente, se necesitarán 70 años para revertir esta desigualdad, al menos si se continúa con el tipo de políticas implementadas en este sentido.

Por otro lado, ¿ya habías escuchado que la jornada laboral de las mujeres es mayor que la de los hombres? Desde el 2013, se considera que actividades como buscar agua, recolectar leña y combustible, cocinar, limpiar y cuidar personas son una forma de trabajo no remunerado. Se trata de un tipo de labor de producción de bienes y servicios para el autoconsumo que, tal como sostiene ONU Mujeres, suple en muchas ocasiones la falta de gasto público en servicios sociales e infraestructura.

Este trabajo doméstico es asumido en gran parte por mujeres. En los países en desarrollo, de un total de 7 horas y 9 minutos, que es en promedio la duración de un día laboral para las mujeres, 4 horas y media son trabajadas sin remuneración alguna. Mientras que en el caso de los hombres el trabajo doméstico implica 1 hora y media de un total de 6 horas y 16 minutos. ¿Sorprendente, no?

El caso de Anahí Garnica es por demás reciente. Pero los títulos como “la primera mujer médica”, “la primera mujer abogada”, “la primera mujer maquinista de tren” se escriben desde hace décadas. Y, tal como lo señalan los números pero también la experiencia personal de miles de jóvenes y adultas, la inserción laboral para las mujeres, en muchas ocasiones, sigue siendo hoy un gran desafío. Trabajo significa empoderamiento económico y esto es clave para la reversión de la desigualdad estructural que impregna el mundo de hoy y de siempre.

Súmate a nuestra Diplomatura en Derechos Humanos de la Mujer y conviértete en referente de un nuevo paradigma social. #CambiaLaHistoria