ROBOTS QUE PUEDEN PENSAR

Las innovaciones introducidas por la Inteligencia Artificial hasta no hace mucho se circunscribían al ámbito de la fantasía y la ficción. Sumérgete en este artículo y descubre cómo esta tecnología está revolucionando el mundo.

El 21 de septiembre del 2001 se estrenaba en los cines de Estados Unidos una nueva –y esperada –película de Steven Spielberg: Inteligencia Artificial. El largometraje cosechó buenas críticas y hoy, 17 años después, sigue siendo reproducido por distintas cadenas televisivas. Lo revolucionario del film no residió exactamente en la escalofriante perfección de la apariencia humana de David, el niño robot protagonista. De hecho, lo que hizo reflexionar a los espectadores fue una característica diferencial que Spielberg otorgó al personaje: la capacidad de amar.

Más tarde, otras películas retomarían esta perturbadora idea. ¿Has visto Her? ¿Cuántos días necesitaste para ver completas las cuatro temporadas de Black Mirror?

Lo cierto es que la idea de Spielberg ya se venía madurando hace rato. En 1943, los científicos Walter Pitts (matemático) y Warren McCulloch (neurólogo) publicaron el artículo “Un cálculo lógico de las ideas inmanentes en la actividad nerviosa” en el que, a partir de sus teorías sobre el funcionamiento del cerebro, abrieron el campo para el desarrollo de la Inteligencia Artificial (IA).

Desde entonces, la IA ha crecido a gran velocidad y hoy convivimos casi sin darnos cuenta con una variedad de sistemas que implementan este tipo de tecnología. El famoso “OK Google…” para solicitar alguna información al buscador sin necesidad de tipear o la elocuente “Siri” que puede ayudarte hasta a encontrar tu auto cuando olvidaste dónde lo dejaste estacionado, son algunos ejemplos.

¿Te has puesto a pensar cuántas veces hablaste por teléfono con un “agente virtual”? Se trata de un programa que tiene la capacidad de interactuar con personas y que frecuentemente es empleado para servicios de atención al cliente. Es probable que muchas veces tus consultas o reclamos fueran atendidos por un robot. Asombroso ¿verdad?

Ha quedado claro que la IA es parte de nuestra cotidianeidad… ¿conoces otros casos en que los robots se relacionan con nosotros?

A un nivel más complejo, encontramos los increíbles Amazon Echo –también conocido como Alexa –o la alternativa de Google, Google Home. Estos “asistentes de voz” lucen como parlantes pequeños que pueden acomodarse sin inconvenientes en cualquier rincón de tu casa. Su función es ambiciosa: facilitarte el día a día.

Alexa te escucha todo el tiempo y, a medida que va incorporando más y más información, incrementa y perfecciona sus habilidades. Si le pides que reproduzca una canción, lo hará sin problemas. También te ayudará a encontrar la mejor receta para que deleites a tus amigos con una comida, te será de utilidad para armar la lista de compras del supermercado y te advertirá sobre el vencimiento de los alimentos así no te llevas ninguna sorpresa. Pero eso es solo una mínima parte de lo que puede hacer: actualmente, Alexa tiene 15 mil habilidades y cada vez se vuelve más inteligente.

Mucho se dice del progreso que traen consigo las nuevas tecnologías: cambian el escenario de los trabajos y los dotan de nuevas posibilidades. De todas maneras, las opiniones al respecto son diversas. También hay quienes creen –y tienen muchas pruebas –que el advenimiento de la tecnología irá reemplazando de a poco al ser humano hasta dejarlo afuera de la acción. ¿Cuál es tu posición al respecto?

Por suerte, más allá del impresionante avance de la IA, hay cualidades que todavía le quedan reservadas solo al ser humano. Sin embargo, ¿no te da curiosidad saber si algún día una máquina podrá manifestarnos cariño y qué tan lejos estamos de eso? O más temible aun: ¿qué tanto falta para que alguno de nosotros se enamore de un robot?